Le colgó la galleta

 


La imagen es inequívoca: si a alguien le han colgado la galleta significa que le dijeron que no, que lo han rechazado --generalmente en cuestiones de amor--. Esa acepción no admite dudas. La única duda sería si esa galleta es literal o metafórica, o ambas a la vez. 

Hay una galleta que nos llega directamente desde Francia y que designa al escudo de la gorra de los marinos. Siguiendo con ese rumbo, para los franceses colgar la galleta significaría –al igual que el “colgar los guantes”-- pedir el retiro de la Marina. Sin embargo, en este caso se trata de una acción ejercida por el propio sujeto, no algo que le hacen a él.

Existe otra versión que asegura que la frase proviene de nuestro campo argentino. Allí, cuando el mocito se le declaraba a su prienda, era uso y costumbre que ésta no le diera su respuesta en el momento. No: la tradición indicaba que había que hacerlo esperar. Entonces, la muchacha le replicaba como al desgaire, por ejemplo, un pase mañana, a las cinco, por el rancho. Y allí iba nuestro hombre, en su parejero, al día siguiente, rumbo para el rancho. Tal vez ansioso, quizás con su corazón palpitante, y sabiendo que si ella estaba ahí, paradita a su puerta, significaba que sí. Caso contrario –o sea: si la respuesta era negativa--, lo que iba a encontrar era la ausencia de ella y la presencia contundente, ominosa, de una galleta colgada.

El curioso nos cuenta de Juan Manuel, nos cuenta.


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